Antes de que existiera una palabra para lo que hoy llamamos newstyle, ya había una sala en mitad del monte, en Sot de Ferrer, a menos de una hora de donde hacemos nuestras fiestas. Se llamaba Discoteca Masía, y a principios de los 90 era uno de los templos de la Ruta Destroy: la versión valenciana de aquella escena de discotecas que empezó como bakalao y acabó pariendo la mákina. Su ubicación remota, lejos de cualquier control, la convirtió en leyenda — el tipo de sitio donde una escena entera podía inventarse sus propias reglas.
La mákina no salió de la nada. Nació en Valencia como una mutación del bakalao, mezclando hardcore techno, EBM y rock gótico con dance italiano, trance centroeuropeo, hardcore holandés y techno industrial. Entre los primeros nombres propios está Megabeat — el proyecto de Frank Lenaers (Spook DJ), Julio Nexus y Gani Manero —, responsables de temas como "Es Imposible No Puede Ser" o "Strange". En 1991, Chimo Bayo metió el sonido en las listas de éxito con "Así Me Gusta a Mí". La escena vivió su momento más alto entre 1990 y 1994, con salas como Barraca como epicentro.
Cuando la presión policial posterior a los Juegos Olímpicos del 92 fue apagando la escena valenciana, el testigo pasó a Cataluña. Salas como Psicódromo, Chasis, Scorpia, Pont Aeri o X-Què aceleraron el tempo, cambiaron la "Q" de bakalao por la "K" de mákina, y construyeron alrededor una subcultura obrera y urbana con DJs convertidos en estrellas locales.
En paralelo, muy lejos de Segorbe, Holanda llevaba desde finales de los 80 cociendo su propia versión de la velocidad: el hardcore de Paul Elstak, DJ Rob o Neophyte, con sellos como Rotterdam Records (1992) y Mokum Records (1993) marcando el terreno del gabber. Y en Los Ángeles, a mediados de los 90, otra escena completamente distinta — el LA Hard House — crecía en salas como Arena, Circus o Masterdome, muy ligada a la comunidad raver hispana de la ciudad. Su sonido: bombos distorsionados de 909, sintetizadores "hoover" muy agudos y estructuras de tensión y caída simples pero contundentes, con nombres como Mark V & Poogie Bear, George Centeno o DJ Irene detrás.
A partir de 1998, ese hard house americano cruzó el Atlántico y se mezcló con lo que ya bullía en Europa. De ese cruce — mákina española, gabber holandés y hard house de Los Ángeles — salió buena parte del vocabulario sonoro que hoy reconocemos como hardcore newstyle: los hoovers, los subidones, la producción pensada para la pista antes que para la radio.
{ERROR.404} nace en esa misma provincia, a un puñado de kilómetros de donde estaba Discoteca Masía. No hacía falta inventar una identidad nueva — solo seguir el hilo de algo que llevaba treinta años sonando aquí. Por eso Bajos y Humos también es esto: contar de dónde viene lo que pinchamos, no solo lo que pasa el próximo viernes.
Imágenes y testimonio de Discoteca Masía: @pasku.photography.